miércoles, 16 de junio de 2010

Smart Growth benefit environment

Dear EarthTalk: What is “smart growth” and how does it benefit the environment? And what are the downsides, if any? -- Frank Quinn, Missoula, MT

"The smart growth approach attempts to minimize automobile traffic and its pollution in urban centers by including stores, residences and schools in neighborhoods, resulting in more walking, bicycle riding and mass transit usage than in a typical suburban environment. Pictured: Retail and housing in San Diego, California on the site of a former Sears store."

Image courtesy: Faceless B, courtesy Flickr."

Originating in the early 1970s when city planners began renovating crumbling inner cities in the face of widespread suburbanization and sprawl, smart growth is now a top buzzword in both municipal policy and environmental circles. Some form of smart growth has likely been implemented where you live or somewhere nearby.

Urban planners subscribing to a smart growth philosophy work to concentrate growth in the center of existing cities and towns to avoid sprawling development in areas otherwise prized for open space. Part of a smart growth effort attempts to minimize automobile traffic and its pollution in urban centers by including stores, residences and schools in neighborhoods, resulting in more walking, bicycle riding and mass transit usage than in a typical suburban environment. Advocates maintain that smart growth initiatives create a unique sense of community and place, give people more transportation, employment and housing choices, and equitably distribute the costs and benefits of development while preserving and enhancing natural beauty, cultural resources and public health.

The U.S. Environmental Protection Agency (EPA) has been a big smart growth booster since it formed the Smart Growth Network in 1996. Partners include environmental and historic preservation groups, professional organizations, developers, real estate interests, and local and state government entities. The network serves as a forum for educating the public and policymakers about the benefits of smart growth and fostering idea sharing and community among practitioners and advocates of smart growth planning.

Partly thanks to the Smart Growth Network, smart growth initiatives are numerous across the U.S. today. Denver, Minneapolis, Pittsburgh, Chicago and dozens of other metropolitan areas have experienced urban renewal in the last two decades thanks to planning that has taken into account livability, sustainability and preservation of open space.

Communications channels facilitated via the Smart Growth Network enable the successes and failures of previous smart growth initiatives to be learning tools for planning new ones.

Smart growth is not without its detractors. According to Todd Litman of the Canadian-based Victoria Transport Policy Institute, “small government” conservatives and libertarians criticize smart growth for infringing on freedom by instituting complicated layers of regulation over development plans, increasing traffic congestion and air pollution, reducing the affordability of urban housing while forcing locals out and creating undesirable levels of density, and requiring wasteful transit subsidies, among other beefs.

Even the environmental community is somewhat divided. The majority view some development and expansion as inevitable (especially with human population always on the upswing)—and in that light embrace smart growth as a realistic lesser of possible evils. But a smaller segment of greens questions whether any development—smart or otherwise—is good for a given region’s natural systems. But while such debates may rage on at universities and think tanks, smart growth is already becoming the standard lens through which development projects are judged in the majority of our metropolitan areas.

CONTACTS: EPA, http://www.epa.org/ ; Smart Growth Network, http://www.smartgrowth.org/ ; Todd Litman’s "Evaluating Criticism of Smart Growth," www.vtpi.org/sgcritics.pdf

In Spanish:

Querido DiálogoEcológico: ¿Qué es el "desarrollo inteligente" y cómo beneficia al ambiente? ¿Y cuáles son las desventajas, si éstas existiesen?- Frank Quinn, Missoula, MT

"El planeamiento por desarrollo inteligente intenta minimizar el tráfico de automóviles y su polución en centros urbanos al incluir tiendas, residencias y escuelas en sus vecindarios, lo que resulta en más caminar, uso de bicicletas, y más uso de transportes públicos en un ambiente típicamente urbano. Imagen: Comercio y viviendas en San Diego, California, en el sitio de una tienda antigua de Sears.”

Apareciendo a comienzos de los años setenta cuando los urbanistas empezaron a renovar las ciudades interiores frente al impacto de la expansión descontrolada del área urbana, el desarrollo inteligente es ahora un concepto en la boca de todo el mundo, tanto en círculos que se ocupan de política municipal como grupos ambientalistas. Alguna forma de crecimiento inteligente probablemente ha ocurrido ya donde usted vive o en algún lugar cerca.

Los planificadores urbanos que observan la filosofía de desarrollo inteligente trabajan para concentrar el crecimiento en el centro de las ciudades y pueblos existentes para evitar el desarrollo que de otro modo abarcaría áreas apreciadas como espacios abiertos. Una parte del desarrollo inteligente busca minimizar el tránsito automovilístico y su contaminación en centros urbanos al incluir tiendas, residencias y escuelas en los vecindarios mismos, teniendo como resultado más oportunidades de caminar, ir en bicicleta, o usar los transportes públicos que en un ambiente suburbano típico. Los partidarios mantienen que estas iniciativas de crecimiento sagaz crean un sentido extraordinario de comunidad y lugar, proveen más transportes al público, empleos y elecciones en viviendas, y distribuyen equitativamente los costos y beneficios del desarrollo al preservar y aumentar la belleza natural, los recursos culturales y la salud pública.

La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA) ha sido un partidario importante del desarrollo inteligente desde que formó la Red de Crecimiento Inteligente [Smart Growth Network ] en 1996. Los miembros incluyen grupos ambientales y de conservación histórica, organizaciones profesionales, urbanizadores, intereses de bienes raíces, y entidades de gobierno local y estatal. La red sirve como un foro para educar al público así como a los responsables de formular política acerca de los beneficios del crecimiento inteligente y fomentar el intercambio de ideas y prácticas entre los partidarios del desarrollo inteligente.

En parte gracias a la Red de Crecimiento Inteligente, las iniciativas de desarrollo inteligente son hoy numerosas a través de EEUU. Denver, Minneapolis, Pittsburgh, Chicago y docenas de otras áreas metropolitanas han experimentado la renovación urbanística en las últimas dos décadas gracias a una planificación que ha tenido en cuenta la habitabilidad, sostenibilidad y conservación de espacios abiertos. Canales de comunicaciones facilitados a través de la Red de Crecimiento Inteligente permiten que los éxitos y fracasos de iniciativas anteriores de crecimiento sagaz sean instrumentos de perfeccionamiento en el planeamiento futuro.

El desarrollo inteligente tiene sus detractores. Según Todd Litman del Victoria Transport Policy Institute, basado en Canadá, los conservadores y libertarios que propician "el gobierno pequeño" critican el crecimiento inteligente como una violación de la libertad al instituir capas complicadas de regulación en los planes de desarrollo, aumentando la congestión de tránsito y la contaminación atmosférica, reduciendo el acceso a la vivienda urbana al forzar los habitantes locales fuera del perímetro interno, y crear niveles indeseables de densidad, los cuales requerirían subvenciones ruinosas de tránsito, entre otras quejas.

La comunidad ambiental está un poco dividida también. La mayoría ve algún desarrollo y expansión como inevitable (especialmente con la población humana siempre en ascenso) —y en ese sentido abraza el crecimiento inteligente como el menor de los males posibles. Pero un segmento más pequeño de ecologistas cuestiona si cualquier desarrollo—inteligente o no—sea bueno para los sistemas naturales de una región. Pero aunque tales debates pueden seguir al rojo en las universidades y los comités de expertos, el crecimiento inteligente ya es la norma superior para juzgar proyectos de desarrollo en la mayoría de nuestras áreas metropolitanas.

CONTACTOS: EPA, http://www.epa.org/ ; Smart Growth Network, http://www.smartgrowth.org/ ; Todd Litman’s "Evaluating Criticism of Smart Growth," www.vtpi.org/sgcritics.pdf

Oceans in trouble!

Dear EarthTalk: Oceans are in big trouble and I understand President Obama is creating a high level ocean council to address them. What are the major issues? - Steve Sullivan, Bothell, WA

"Our oceans are in a terrible state, thanks primarily to unrestrained commercial and industrial activity. Global warming may also take its toll, by shifting or shutting down powerful ocean currents or killing off biodiversity rich coral reefs, like the Great Barrier Reef, pictured here."
Image courtesy: "Richard Ling."


Our oceans are indeed in a terrible state, thanks primarily to unrestrained commercial and industrial activity. Overfishing and pollution have decimated once abundant stocks of fish and other marine life, and the damaging practices continue to this day despite international agreements outlawing them.

Our appetite for seafood has pushed three-quarters of the world’s fisheries to or beyond the limits of sustainability, while nine out of 10 of the sea’s large fish like tuna and swordfish have disappeared. And while it is still unclear what toll global warming will have on oceans—coral reefs dying and powerful ocean currents shifting or shutting down are two scary scenarios—the outlook is grim at best.

While George W. Bush was no friend to the environment overall, his record on ocean protection is actually not too bad. After convening a commission of experts from various disciplines to report on the state of U.S. oceans, his administration took steps to protect 215 million acres of biologically rich deep sea ocean habitat in the Pacific near Hawaii and Guam. The newly protected areas are off limits to resource extraction and commercial fishing but open for shipping traffic, scientific research and minimal impact recreation—and should provide a boon for fish and other marine species trying to recover from decades of abuse. But while such protections are a huge step in the right direction, they represent less than a drop in the bucket as to what still needs to be done to help fish stocks and marine ecosystems recover.

In light of ongoing threats, President Obama last June set up a task force to craft a national ocean stewardship policy. Led by Nancy Sutley, chair of the White House’s Council on Environmental Quality, the task force is currently working to draft a framework for sustainable management of American coastal and ocean resources. Currently 20 different federal agencies oversee some 140 ocean protection laws; Obama has charged his task force with pulling together all the different authorities and laws to focus attention on addressing the most serious challenges facing the oceans and those who manage them.

Environmentalists have been quick to praise Obama for creating the task force—something called for by Bush’s oceans commission and other experts—but it is unclear how effective it can be given competing political priorities. Some members of Congress are pushing an omnibus ocean protection bill called Oceans-21, which aims to regulate fisheries, establish a network of protected areas, provide an oceans management framework to rescue coasts and off-shore areas, and help ocean life survive global warming.

Fortunately, Americans are not the only ones concerned about the world’s oceans. The United Nations launched its Oceans and Coastal Areas Network—later renamed UN Oceans—in 2003 to coordinate ocean and coastal efforts around the world. More recently, several island nations in the western Pacific and Indian oceans formed the Coral Triangle Initiative, adopting a 10-year plan of action to avert growing threats to coral reefs, fish, coastal mangrove buffers and other marine resources across the region. While the challenges may be greater than ever, at least now our oceans are getting some long-overdue attention; only time will tell if we took action in time to stave off a global collapse of marine ecosystems.

CONTACTS: UN Oceans, http://ioc3.unesco.org/un-oceans

In Spanish:

Querido DiálogoEcológico: Los océanos están en grandes apuros y entiendo que el Presidente Obama está creando una alta comisión para resolver este problema. ¿Cuáles son los asuntos más urgentes? - Steve Sullivan, Bothell, WA

"Nuestros océanos están en apuros, gracias principalmente a la actividad comercial e industrial desenfrenada. El calentamiento planetario también puede jugar un rol nefario, al desbaratar o apagar poderosas corrientes oceánicas o matando los arrecifes de coral ricos en biodiversidad, como la Gran Barrera de Arrecifes, vista en la imagen adjunta.”

Nuestros océanos están verdaderamente en un estado terrible, gracias principalmente a la actividad comercial e industrial desenfrenada. La sobrepesca y la contaminación han diezmado lo que era anterioremente una cantidad inmensa de peces y otra vida marina, y las prácticas dañinas continúan a este día a pesar de acuerdos internacionales que las proscriben.
Nuestro apetito por los mariscos ha em pujado a tres-cuartos de las pesquerías del mundo cerca o más allá de los límites de sostenibilidad, mientras que nueve de los 10 peces más grandes del mar, como el atún y el pez espada, han desaparecido. Y aunque todavía no está claro el impacto que el calentamiento climático tendrá en los océanos—la mortandad entre los arrecifes de coral y los cambios abruptos en las corrientes poderosas oceánicas son dos posibilidades terribles—las perspectivas, en el mejor de los casos-- son desanimantes.

Aunque George W. Bush no fue—en general—un amigo del ambiente, su record de protección océanica no es realmente demasiado malo. Después de convocar una comisión de expertos de varias disciplinas para compilar un informe sobre el estado de los océanos de EEUU, su administración tomó medidas para proteger un hábitat de 215 millones de acres de océano profundo biológicamente rico en el Pacífico cerca de Hawái y Guam. Las áreas nuevamente protegidas están en zonas donde se prohibe la extracción de recursos y la pesca comercial, pero abiertas al tránsito marítimo, la investigación científica y la recreación de impacto mínimo—y deberían ser una bendición para peces y otra especies marinas que están tratando recuperarse de décadas de abuso. Pero aunque tales protecciones son un paso inmenso en la dirección correcta, ellos representan menos que una gota en el océano en cuanto a lo que todavía debería hacerse para ayudar a los peces y ecosistemas marinos a recuperarse.


En vista de las amenazas existentes, el Presidente Obama el mes de junio pasado convocó un grupo de trabajo para elaborar una política nacional de custodia oceánica. Dirigido por Nancy Sutley, presidente del Consejo Sobre Calidad Ambiental de la Casa Blanca, el grupo de trabajo se dedica actualmente a redactar un marco de explotación sostenible de los recursos costeros y de océano norteamericanos.

Actualmente 20 agencias federales diferentes supervisan unas 140 leyes de protección oceánica; Obama ha pedido a su grupo de trabajo que consoliden todas las líneas de autoridad y leyes diferentes para concentrar atención en los desafíos más graves que enfrentan los océanos y los que los manejan.

Los ecologistas han alabado la decisión de Obama de crear el grupo de trabajo—algo contemplado en la comisión oceánica de Bush y por otros expertos—pero no está claro cuán efectivo puede llegar a ser dado las prioridades políticas existentes. Algunos congresistas están apoyando un proyecto de ley integrado para la protección de océanos, denominada Océanos-21, que propone regular pesquerías, establecer una red de áreas protegidas, proporcionar un marco para la administración de océanos, rescatar costas y áreas del litoral, y ayudar a la vida marina a sobrevivir el calentamiento climático.

Afortunadamente, los norteamericanos no son los únicos concernidos acerca de los océanos del mundo. Las Naciones Unidas lanzaron su iniciativa Oceans and Coastal Areas Network (Red de Océanos y Areas Costeras)—luego rebautizada Océanos ONU—en 2003 para coordinar los esfuerzos de rescate oceánicos y costeros alrededor del mundo. Más recientemente, varias naciones isla en el pacífico occidental y el océano Indico formaron la Iniciativa de Triángulo Coral, adoptando un plan de 10 años de acción para detener el avance de amenazas crecientes a los arrecifes de coral, peces, bandas costeras de manglar y otros recursos marinos a través de la región. Aunque los problemas pueden ser más difíciles que nunca, por lo menos ahora nuestros océanos están al fin recibiendo un poco de atención; sólo el tiempo podrá decir si abrazamos estas medidas a tiempo para evitar el colapso global de los ecosistemas marinos.

CONTACTOS: UN Oceans, http://ioc3.unesco.org/un-oceans

Cooking canned foods

Dear EarthTalk: I’ve often cooked canned foods in their own can, things like condensed milk and mushroom soup. I put the can without opening in the pressure cooker, cover it with water and let it cook for 30 minutes. The results are amazing. Is it safe to do that? Can metals leach into my food? - Mercedes Kupres, via e-mail

"Can makers say that cans are for keeping foods fresh and allowing them to be transported safely, not for use as cooking containers. The insides of most cans on grocery shelves today are coated with food-grade epoxy, which contains Bisphenol-A (BPA) and other potentially harmful chemicals."

Image courtesy: "Nic McPhee, courtesy Flickr.

For starters, can makers don’t recommend using their products for anything but storing food unopened until it’s ready to eat. “Cans are reliable, recyclable, durable packages that keep beverages and foods fresh and allow them to be transported safely for thousands of miles, even into remote regions—but they were not made to be used as cooking containers,” says Scott McCarty of Colorado-based Ball Corporation, a leading U.S. food and beverage packaging maker.
Proponents of can-cooking cite the fact that many canned goods are already heated up in their cans to kill bacteria during the canning process, so what harm could a little more heating do? McCarty concedes that some cans are indeed heated during the packing process. “But that isn't all cans or all foods, and it is a carefully controlled and monitored process done in an environment that is made to do it.”

As for what metals may be leaching into your canned food, it depends. In the U.S., most food cans are made of steel while beverage cans are usually made out of aluminum. Chromium and nickel can find their way out of steel, but the amounts would be miniscule to nil. Slightly more troubling is the fact that aluminum—large amounts of which have been linked to nervous system disorders and other health problems—could in theory leach out of cans into their food or drink contents.

In order to prevent any such leaching—which is bad for the food and eater but also for the can (as it can cause corrosion)—the insides of most cans on grocery shelves today are coated with food-grade epoxy. But these liners have been shown to contain Bisphenol-A (BPA) and other potentially harmful chemicals. BPA is a synthetic plastic hardener that has been linked to human reproductive problems and an increased risk of cancer and diabetes. A 2009 analysis of common canned foods by the non-profit Consumers Union found measurable levels of BPA in a wide range of items including some bearing a “BPA Free” label.

The US. Food and Drug Administration is currently reviewing whether or not to allow BPA to come into contact with food items at all. In the meantime, some forward-thinking companies aren’t waiting around for an FDA ruling. Eden Foods, which prides itself on the wholesomeness of its products, worked with its packaging manufacturer, Ball Corporation, back in 1999 to switch out traditional epoxy-based liners with a baked-on, BPA-free enamel lining derived from plant oils and resins.

This technology is nothing new; in fact, Eden stumbled upon it by asking Ball what it used before epoxy liners became standard some three decades earlier. While the custom-made cans cost 14 percent more than industry-standard cans would, Eden maintains it’s worth the extra expense (which amounts to some $300,000 extra per year). “It was the right thing to do,” says Michael Potter, Eden’s president. “I didn't want BPA in food I was serving to my kids, my grandkids or my customers.”

CONTACTS: Ball Corporation, www.ball.com ; Consumers Union, www.consumersunion.org ; U.S. Food and Drug Administration, www.fda.gov ; Eden Foods, www.edenfoods.com

In Spanish:

Querido DiálogoEcológico: A menudo he cocinado alimentos en su propia lata, cosas leche condensada y sopa de hongos. Pongo la lata sin abrir en la olla a presión, la cubro con agua y la dejo cocinar durante 30 minutos. Los resultados asombran. ¿Presenta esto algún riesgo? ¿Pueden filtrarse los metales en mi alimento? - Mercedes Kupres, via email

"Los fabricantes de latas dicen que éstas están diseñadas para mantener los alimentos frescos, y ser transportados con seguridad, pero no para ser usados como útiles de cocina. El interior de la mayoría de las latas en las tiendas de alimentos está revestido con resina epóxica especial para alimentos, la que contiene Bisfenol-A (BPA), y otras sustancias químicas potencialmente peligrosas.”

Para empezar, los fabricantes de latas y tarros no recomiendan utilizar sus productos para nada excepto almacenar alimentos sin abrir hasta que estén listos para servir. "Las latas son envases seguros, reciclables, y durables que mantienen bebidas y alimentos frescos y que permiten que sean transportados sin peligro miles de millas, aún a regiones remotas—pero ellos no fueron diseñados para ser utilizados útiles de cocina," dice Scott McCarty de la Corporación Ball, basada en Colorado, un fabricante prominente de envases de comidas y bebidas.

Los defensores del cocinado en lata citan el hecho que muchos productos enlatados ya fueron calentados en sus latas para matar bacterias durante el proceso de enlatado, así que ¿qué daño podría hacer un poco más de calor? McCarty concede que algunas latas son calentadas durante el proceso de envasado. "Pero eso no cubre todas las latas ni todos los alimentos, y es un proceso muy delicado, controlado y vigilado y llevado a cabo en un ambiente que está expresamente diseñado para este fin".

En cuanto a qué metales pueden estar lixiviando en su alimento envasado, la cosa depende. En EEUU, la mayoría de las latas de alimento están hechas de acero mientras que las latas de bebidas son hechas generalmente de aluminio. El cromo y el níquel pueden escaparse del acero, pero las cantidades serían minúsculas o cuasi inexistentes. Un poco más serio es el hecho que el aluminio—del que cantidades grandes han sido ligadas a desórdenes del sistema nervioso y otros problemas de salud—puede lixiviarse teóricamente de las latas y pasar al contenido de alimento o bebida.

Para prevenir cualquier incidente de lixiviación—que es malo para el alimento y el consumidor y también para la lata misma (ya que puede causar corrosión) —el interior de la mayoría de las latas en los supermercados está revestido con resina epóxica para alimentos. Pero se ha demostrado que estos revestimientos contienen Bisfenol-A (BPA) y otras sustancias químicas potencialmente perjudiciales. El BPA es un endurecedor plástico sintético que ha sido vinculado con problemas del sistema reproductivo humano y un riesgo aumentado de cáncer y diabetes. Un análisis en 2009 de alimentos comunes envasados por la organización no comercial Consumers Union encontró niveles mensurables de BPA en una gran variedad de artículos, inclusive algunos que proclamaban en su etiqueta no tener BPA en absoluto.

La Dirección de Alimentos y Drogas de EEUU está en estos momentos evaluando si o no se puede permitir al BPA que entre en contacto con artículos de alimento. Mientras tanto, algunas compañías innovadoras no están esperando una decisión de la FDA. Eden Foods, que se enorgullece de la calidad de sus productos, trabajó ya en 1999 con su fabricante de envases, la Ball Corporation, para reemplazar los revestimientos tradicionales basados en sustancias epóxicas con un esmalte pegado al horno, carente de BPA, y derivado de aceites y resinas vegetales.

Esta tecnología no es nada nuevo; de hecho, Eden se tropezó con ella al preguntar a Ball qué es lo que usaba antes de que los revestimientos de epoxi llegaran a ser la norma unas tres décadas atrás. Aunque las latitas especiales cuestan 14 por ciento más que los tarritos estándar usados en la industria, Eden mantiene que vale el gasto extra (que asciende a unos $300.000 adicionales por año). "Se trataba de hacer lo correcto," dice Michael Potter, presidente de Eden. "Yo no deseaba ver BPA en el alimento que servía a mis niños, mis nietos o mis clientes".

jueves, 20 de mayo de 2010

coal fired power

Dear EarthTalk: Isn’t the interest in electric cars and plug-in hybrids going to spur increased reliance on coal as a power source? And is that really any better than gasoline/oil in terms of environmental impact? - Graham Rankin, via e-mail

“Coal-fired power -- albeit indirectly used -- will be the predominant source of electricity used by electric and plug-in hybrid cars unless we begin to source significant amounts of electricity from renewables like solar and wind.

Pictured: the Virginia Electric and Power Company's Mount Storm coal-fired power plant in northeastern West Virginia.”


"Rich McGervey, courtesy Flickr."
It’s true that the advent of electric cars is not necessarily a boon for the environment if it means simply trading our reliance on one fossil fuel—oil, from which gasoline is distilled—for an even dirtier one: coal, which is burned to create electricity.

The mining of coal is an ugly and environmentally destructive process. And, according to the U.S. Environmental Protection Agency (EPA) burning the substance in power plants sends some 48 tons of mercury—a known neurotoxin—into Americans’ air and water every year (1999 figures, the latest year for which data are available). Furthermore, coal burning contributes some 40 percent of total U.S. carbon dioxide emissions. The National Academy of Sciences (NAS) estimates that coal mining and burning cause a whopping $62 billion worth of environmental damage every year in the U.S. alone, not to mention its profound impact on our health.

Upwards of half of all the electricity in the U.S. is derived from coal, while the figure is estimated to be around 70 percent in China. As for Europe, the United Kingdom gets more than a third of its electricity from coal, while Italy plans to double its consumption of coal for electricity production within five years to account for some 33 percent of its own electricity needs. Several other countries in Europe, where green sentiment runs deep but economics still rule the roost, are also stockpiling coal and building more power plants to burn it in the face of an ever-increasing thirst for cheap and abundant electricity.

On top of this trend, dozens of electric and plug-in hybrid cars are in the works from the world’s carmakers. It stands to reason that, unless we start to source significant amounts of electricity from renewables (solar, wind, etc.), coal-fired plants will not only continue but may actually increase their discharges of mercury, carbon dioxide and other toxins due to greater numbers of electric cars on the road.

Some analysts expect that existing electricity capacity in the U.S. may be enough to power America’s electric cars in the near future, but don’t rule out the possibility of new coal plants (or new nuclear power plants) coming on line to fill the gap if we don’t make haste in developing alternate sources for generating electrical energy. And while proponents of energy efficiency believe we can go a long way by making our electric grids “smarter” through the use of monitoring technologies that can dole out power when it is most plentiful and cheap (usually the middle of the night), others doubt that existing capacity will be able to handle the load placed on even an intelligent “smart grid” distribution network.

Environmentalists—as well as many politicians and policymakers—maintain that the only viable, long-term solution is to spur on the development of renewable energy sources. Not long ago, the concept of an all-electric car charged up by solar power or some other form of clean renewable energy was nothing but a pipe dream. Today, though, such a scenario is within the realm of the possible, but only if everyone does their part to demand that our utilities bring more green power on line.

CONTACTS: EPA/mercury emissions; www.epa.gov/ttn/atw/utility/hgwhitepaperfinal.pdf

In Spanish:

Querido DiálogoEcológico: ¿No está el interés en coches eléctricos e híbridos enchufables incitando más dependencia en el carbón como fuente de electricidad? ¿Y es eso realmente mejor que el impacto ambiental de la gasolina/petróleo? - Graham Rankin, a través de email

“La electricidad a base de carbon -- aunque usada indirectamente -- será la fuente predominante de electricidad utiizada por los coches eléctricos e híbridos enchufables a menos que comencemos a producir enormes cantidades de energía de renovables como sol y viento. Foto: La central eléctrica Mount Storm a base de carbón de la Virginia Electric and Power Company en el noreste de West Virginia.”

Es verdad que la venida de carros eléctricos no es necesariamente una bendición para el ambiente si significa cambiar simplemente nuestra dependencia en un hidrocarburo―el petróleo, del cuál se destila la gasolina―por una fuente de energía aun más sucia: el carbón, que se quema para crear electricidad.

La minería de carbón es un proceso feo y ambientalmente destructivo. Y, según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU (EPA) quemando la sustancia en centrales eléctricas envía unas 48 toneladas de mercurio―una neurotoxina conocida―al aire y el agua de los norteamericanos todos los años (cifras de 1999, el último año en que los datos están disponibles). Además, la quema de carbón contribuye aproximadamente 40 por ciento de las emisiones totales de bióxido de carbono en EEUU. La Academia Nacional de Ciencias (NAS) estima que la minería del carbón y la quema del mismo causan $62 mil millones de dólares de daño ambiental todos los años solamente en los EEUU, sin mencionar su impacto profundo en nuestra salud.

Más de la mitad de toda la electricidad de EEUU es derivada del carbón, aunque se estima que la cifra está alrededor del 70 por ciento en China. En cuanto a Europa, el Reino Unido consigue más de la tercera parte de su electricidad del carbón, mientras que Italia planea doblar su consumo de carbón en la producción de electricidad dentro de cinco años para cubrir un 33 por ciento de sus propias necesidades de electricidad. Varios otros países en Europa, donde el sentimiento verde corre profundo pero la economía todavía lleva la batuta, también almacenan carbón y construyen más centrales eléctricas para quemarlo ante una sed creciente de electricidad barata y abundante.

Complicando esta tendencia, se ven docenas de carros eléctricos y enchufables híbridos en desarrollo por los fabricantes de coches del mundo. Es lógico por lo tanto que, a menos que comencemos a usar cantidades significativas de electricidad de fuentes renovables (solar, viento, etc.), las plantas que queman carbón no sólo continuarán pero podrán aumentar realmente sus descargas de mercurio, bióxido de carbono y otras toxinas debido al número más alto de automóviles eléctricos en los caminos.

Algunos analistas esperan que la capacidad existente de electricidad en EEUU pueda ser suficiente para alimentar los carros eléctricos de América en el futuro próximo, pero no se debe excluir la posibilidad de nuevas plantas de carbón (ni nuevas centrales nucleares) viniendo en línea para llenar el vacío si nosotros no nos apuramos para proveer fuentes alternas de energía eléctrica. Y aunque los defensores de la energía eficiente creen que podemos ir muy lejos haciendo nuestras redes eléctricas más "listas" usando tecnologías de vigilancia que pueden repartir la electricidad cuando esté más abundante y barata (generalmente en el medio de la noche), otros dudan que exista la capacidad para manejar la carga colocada en aún una red de distribución inteligente “lista”.

Los ecologistas―así como muchos políticos y los responsables de formular política―mantienen que la único solución viable y a largo plazo es de apurar el desarrollo de fuentes renovables de energía. No hace mucho tiempo, el concepto de un carro totalmente eléctrico y cargado por energía solar o alguna otra forma de energía renovable limpia era casi un sueño imposible. Hoy, sin embargo, tal noción está dentro del reino de lo posible, pero sólo si todos ponen de su parte para demandar que nuestras empresas de electricidad pongan más energía “verde” en línea.

CONTACTOS: EPA/mercury emissions; www.epa.gov/ttn/atw/utility/hgwhitepaperfinal.pdf

miércoles, 21 de abril de 2010

Silicone bake ware and cooking utensil hazards

Dear EarthTalk: Are there any health hazards associated with the use of the new silicone bake ware and cooking utensils? I have found information associated with the hazards/benefits of Teflon and other cookware but nothing on the use of silicone. - Jean McCarthy, Sebastian, FL

“In 1979 the U.S. Food and Drug Administration determined that silicon dioxides -- the basic elements in silicone cookware -­- were generally recognized as safe to use even in food-grade contexts. But the first silicone cookware (silicone spatulas) didn't start to show up on store shelves until a decade later, and the FDA hasn't conducted any follow-up studies as to whether silicone can leach out of cookware and potentially contaminate food.”

"thousand_names, courtesy Flickr."
With all the negative press about Teflon and about metals leaching out of pots and pans, consumers are on the lookout for cookware that’s easy-to-clean and doesn’t pose health concerns. Silicone, a synthetic rubber made of bonded silicon (a natural element abundant in sand and rock) and oxygen, is increasingly filling this niche. The flexible yet strong material, which has proven popular in muffin pans, cupcake liners, spatulas and other utensils, can go from freezer to oven (up to 428 degrees Fahrenheit), is non-stick and stain-resistant, and unlike conventional cookware, comes in a range of bright and cheery colors.

But some wonder if there is dark side to silicone cookware. Anecdotal reports of dyes or silicone oil oozing out of overheated silicone cookware pop up on Internet posts, as do reports of odors lingering after repeated washings. Also, silicone’s image may be forever tainted by problems associated with silicone gel breast implants—some women with earlier generations of these implants experienced capsular contracture, an abnormal immune system response to foreign materials. And while theories about silicone implants’ link to breast cancer have since been debunked, the damage to silicone’s reputation lives on.

It’s sad to say, but since the use of silicone in cookware is fairly new, there has not been much research into its safety for use with food. Back in 1979 the U.S. Food and Drug Administration (FDA) determined that silicon dioxides—the basic elements in silicone cookware—were generally recognized as safe to use even in food-grade contexts. But the first silicone cookware (silicone spatulas) didn’t start to show up on store shelves until a decade later, and the FDA hasn’t conducted any follow-up studies to determine whether silicone can leach out of cookware and potentially contaminate food. For its part, Canada’s health agency, Health Canada, maintains that food-grade silicone does not react with food or beverages or produce any hazardous fumes, and as such is safe to use up to recommended temperatures.

Consumer advocate Debra Lynn Dadd, who steers clear of Teflon due to health concerns, is bullish on silicone cookware after investigating potential toxicity. “I tried to find some information on the health effects of silicone rubber, but it was not listed in any of the toxic chemical databases I use,” she reports, adding that she also sampled material safety data on several silicone rubbers manufactured by Dow Corning (which makes some 700 variations). “All descriptions I read of silicone rubber describe it as chemically inert and stable, so it is unlikely to react with or leach into food, nor outgas vapors.” She adds that silicone “is not toxic to aquatic or soil organisms, it is not hazardous waste, and while it is not biodegradable, it can be recycled after a lifetime of use.”

So while most of us will probably not have a problem with silicone cookware, those with chemical sensitivities might want to stay away until more definitive research has been conducted. In the meantime, cast iron and anodized aluminum cookware remain top choices for those concerned about harmful elements leaching into their cooked foods.

CONTACTS: FDA, www.fda.gov; Health Canada, www.hc-sc.gc.ca; Debra Lynn Dadd, www.dld123.com; Dow Corning, www.dowcorning.com.

In Spanish

Querido DiálogoEcológico: ¿Hay algún peligro para la salud asociado con el uso de los nuevos utensilios de cocina de silicona? He encontrado información relacionada con los peligros/beneficios del Teflón y otras baterías de cocina pero nada sobre el uso de silicona.- Jean McCarthy, Sebastian, FL

“En 1979 la Dirección de Drogas y Alimentos de EEUU (FDA) determinó que los bióxidos de silicio los elementos básicos en la batería de silicona para cocina podían ser reconocidos generalmente como seguros para utilizar incluso en contextos de alimentos. Pero los primeros utensilios de cocina de sílice (espátulas) no comenzaron a aparecer en las tiendas hasta una década más tarde, y la FDA no ha realizado ningún otro estudio de seguimiento para determinar si la silicona puede lixiviarse de los utensilios de cocina y contaminar potencialmente los alimentos.”

Con toda la prensa negativa acerca del Teflón y de los metales que se lixivian de las ollas y cacerolas, los consumidores están al acecho de baterías de cocina que sean fáciles de limpiar y no introduzcan preocupaciones de salud. La silicona, un caucho sintético hecho de silicio soldado (un elemento natural rico en la arena y la piedra) y oxígeno, llena cada vez más este nicho. El material, flexible pero fuerte, que ha demostrado ser popular en cacerolas de panecillo, moldes de biscocho, espátulas y otros utensilios, puede ir del freezer al horno (hasta 428 grados Fahrenheit), es antiadherente e inoxidable, y a diferencia de las baterías convencionales de cocina, viene en una gama de colores brillantes y alegres.

Pero algunos se preguntan si hay un lado siniestro con las baterías de cocina hechas de silicona. Informes anecdóticos de manchas o aceite de silicona que supuran de las baterías de silicona recalentada aparecen en postes del Internet, así como reportes de olores que persisten después de lavados repetidos. También, la imagen de la silicona puede estar eternamente manchada por problemas asociados con los injertos de gel de sílice para senos―algunas mujeres con generaciones más antiguas de estos injertos experimentaron contracción capsular, una respuesta anormal del sistema inmunológico a materias foráneas. Y aunque teorías acerca de la conexión de los injertos de sílice con el cáncer de mama fueron desacreditados, el daño a la reputación de la silicona persiste.

Es triste decirlo, pero puesto que el uso de silicona en las baterías de cocina es bastante nuevo, no ha habido mucha investigación sobre su seguridad para su uso con alimentos. Años atrás en 1979 la Dirección de Drogas y Alimentos de EEUU (FDA) determinó que los bióxidos de silicio―los elementos básicos en la batería de silicona para cocina―podían ser reconocidos generalmente como seguros para utilizar aún en contextos de alimentos. Pero los primeros utensilios de cocina de sílice (espátulas) no comenzaron a aparecer en las tiendas hasta una década más tarde, y la FDA no ha realizado ningún otro estudio de seguimiento para determinar si la silicona puede lixiviarse de los utensilios de cocina y contaminar potencialmente los alimentos. Por su parte, la agencia de la salud de Canadá, Health Canada, mantiene que la silicona para alimentos no reacciona con comidas ni bebidas y no produce ningún vapor peligroso, y como tal puede usarse al máximo de las temperaturas recomendadas.

La defensora de consumidores Debra Lynn Dadd, quién evita el Teflón debido a preocupaciones de salud, es optimista con respecto a los utensilios de sílice para cocinar, después de investigar su toxicidad potencial. "Traté de encontrar alguna información sobre los efectos de salud a razón del caucho de silicona, pero esto no aparece listado en ninguna de las bases de datos de sustancias químicas tóxicas que utilizo," dice ella, agregando que ella también muestreó datos materiales de seguridad en varios cauchos de silicona fabricados por Dow Corning (que manufactura unas 700 variaciones). "Todas las descripciones que leí del caucho de silicona lo describen como químicamente inerte y estable, así que es improbable que reaccione con o lixivie en los alimentos, ni emite vapores de gas". Ella agrega que la silicona "no es tóxico a organismos acuáticos o de tierra, no es un desecho peligroso, y aunque no es biodegradable, puede ser reciclado después de una vida de uso".

Por lo tanto, aunque la mayoría de nosotros probablemente no tendremos ningún problema con los utensilios de sílice de cocina, los que sufren de sensibilidades químicas quizás quieran esperar hasta que se concluyan investigaciones más definitivas. Mientras tanto, los utensilios para cocina de hierro fundido y aluminio anodizado siguen siendo la elección preferida para los que están concernidos acerca de la lixiviación de materiales perjudiciales en sus alimentos cocinados.

ewaste of old equipments

Dear EarthTalk: I work for an office equipment company selling copiers, fax machines, computers and printers. Each year new models come out making old ones obsolete. As a result, we have loads of trade-ins with nowhere to go. What can we do with this old equipment? -- Jeff P., Worcester, MA

"The Silicon Valley Toxics Coalition reports that 70 percent of the heavy metals in U.S. landfills are from discarded electronics. The U.S. Environmental Protection Agency reports that Americans trash two million tons of unwanted electronics each year -­ six times the amount they recycle. Pictured, e-waste in Ann Arbor, Michigan readied for recycling."

Image courtesy: "George Hotelling, courtesy Flickr."
Electronic waste, or “e-waste” as it’s called, is a growing problem in the United States and abroad, as obsolete or broken computers and other electronic equipment are taking up increasingly precious amounts of landfill space and potentially leaking hazardous substances into surrounding ecosystems.

The nonprofit Silicon Valley Toxics Coalition reports that 70 percent of the heavy metals in U.S. landfills are from discarded electronics—even though the e-waste itself accounts for only two percent of the trash by volume. The U.S. Environmental Protection Agency reports that Americans trash two million tons of unwanted electronics each year—six times the amount they recycle. To make matters worse, U.S. companies often ship old equipment to poor nations whose landfills and incinerators are ill equipped, subjecting already struggling populations to lead, cadmium, beryllium, and other contaminants.

So what can be done? If your old units still work but have merely been eclipsed by newer models, then by all means donate them to a needy cause that will either put them to good use or resell them to help fund their programs. You’ll earn a tax deduction for a charitable donation and, by keeping the equipment alive, prevent the manufacture of new units and thus, if ever so slightly, reduce the footprint of your operations.

But not every charity accepts old equipment, and no one wants to spend all day calling around to find one that does. A good place to look, then, is Goodwill, which will accept your equipment and then sell it through any one of its 1,500 retail stores across the country. Proceeds fund programs to help the disabled, illiterate, homeless, and those on welfare by providing job training and placement programs. The Salvation Army runs similar programs and also typically accepts donated old office equipment.

Another option is to donate your equipment to needy schools, either directly or via a service like iLoveSchools.com, which helps teachers find free supplies and equipment for their classrooms. The National Cristina Foundation also matches donated technology with needy schools and nonprofits. Also, the website GreatNonprofits.org maintains a list of charities in need of various types of office equipment. You can also offload equipment via Freecycle, a free service that helps find homes for unwanted stuff.

While finding a new home for your old gear is preferable, recycling is also an option. Recyclers harvest parts from old equipment that can be reused or resold. Several websites, including My Green Electronics, E-cycling Central, and Earth911, list electronics recyclers across the U.S. Some of these vendors will charge a small fee to recycle an item for you; others may do it for free. Also, Office Depot, Staples and some other stores will take back used electronics—even if not purchased there—usually for a small fee.

CONTACTS: Silicon Valley Toxics Coalition, www.svtc.org; Goodwill, www.goodwill.org; Salvation Army, http://www.salvationarmy.org/; iLoveSchools.com, http://www.iloveschools.com/; National Cristina Foundation, http://www.cristina.org/; GreatNonprofits.org, http://www.greatnonprofits.org/; Freecycle, http://www.freecycle.org/; E-cycling Central, http://www.ecyclingcentral.com/; Earth911, http://www.earth911.org/; Office Depot, http://www.officedepot.com/; Staples, http://www.staples.com/

In Spanish

Querido DiálogoEcológico: Trabajo para una firma que vende copiadoras, faxes, computadoras e impresoras. Cada año salen nuevos modelos haciendo que los viejos caigan en desuso. Como resultado, tenemos montones de máquinas usadas dadas de pie a cambio de nuevas y no sabemos qué hacer con ellas. ¿Qué podemos hacer con estos equipos viejos? - Jeff P., Worcester, MA

“La Silicon Valley Toxics Coalition informa que 70 por ciento de los metales pesados en los basurales de EE.UU. proviene de artículos eléctrónicos desechados. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. reporta que los norteamericanos botan anualmente dos millones de toneladas de ítemes electrónicos­seis veces el monto que reciclan. Foto: Desechos electrónicos en Ann Arbor, Michigan, siendo preparados para su reciclado.”

El desecho electrónico, o “E-desecho” como se le llama, es un problema creciente en Estados Unidos y en el extranjero, a medida que computadoras obsoletas o rotas y otros equipos electrónicos capturan cantidades cada vez más preciosas de espacio en los basurales y potencialmente dejan escapar sustancias peligrosas a los ecosistemas circundantes.

El grupo no comercial Silicon Valley Toxics Coalition informa que 70 por ciento de los metales pesados en vertederos de EEUU provienen de artículos electrónicos desechados, aunque el E-desecho representa sólo dos por ciento de la basura total por volumen. La Agencia de Protección del Medio Ambiente de EEUU reporta que los norteamericanos desechan dos millones de toneladas de artículos electrónicos cada año, seis veces la cantidad que reciclan. Y para complicar la cosa, las compañías de EEUU a menudo envían equipos viejos a naciones pobres cuyos vertederos y quemadores de basura están mal equipados, exponiendo así muchas poblaciones pobres al cadmio, el berilio, y otros contaminantes.

De modo que ¿qué se puede hacer? Si sus unidades viejas todavía trabajan pero solamente han sido eclipsadas por modelos más nuevos, entonces por supuesto dónelas a una causa necesitada que o los pondrá a buen uso o los revenderá para ayudar a financiar sus programas. Usted ganará una deducción de impuestos por donativo caritativo y, al mantener el equipo vivo, prevendrá que se fabrique nuevas unidades, lo cual, al menos ligeramente, reducirá la huella ecológica de sus operaciones.

Pero no todas las caridades aceptan equipos viejos, y nadie quiere pasarse todo el día pegado al fono tratando de encontrar una que lo haga. Un lugar bueno a investigar, entonces, es Goodwill, que aceptará su equipo y lo revenderá en cualquiera de sus 1.500 tiendas detallistas a través del país. Los fondos así recaudados financian programas de ayuda a los incapacitados, analfabetos, los sin hogar, y los que dependen de la asistencia social al proveer programas de capacitación de empleos y programas de colocación. El Ejército de Salvación ostenta programas semejantes y también acepta típicamente donaciones de equipos de oficina viejos.

Otra opción es donar su equipo a escuelas necesitadas, o directamente a través de un servicio como iLoveSchools.com, que ayuda a los maestros a encontrar materiales y equipos gratis para sus aulas. La Fundación Nacional Cristina también empareja la tecnología donada con escuelas necesitadas y organizaciones no lucrativas. También, el sitio web GreatNonprofits.Org mantiene una lista de caridades que necesitan varios tipos de equipo de oficina. Usted también puede desprenderse de equipos a través de Freecycle, un servicio gratis que ayuda a encontrar recipientes para materiales descartados.

Aunque encontrar un nuevo usuario para sus equipos usados es preferible, el reciclaje es también una opción. Los recicladores “cosechan” ciertas partes de los equipos viejos que puede ser vueltos a emplear o revendidos. Varios sitios web, incluyendo My Green Electronics, E-cycling Central, y Earth911 , listean recicladores de artículos electrónicos a través de EEUU. Algunos de estos comerciantes cobran una modesta cantidad para reciclar un artículo suyo; otros lo pueden hacer gratis. También, Office Depot, Staples y algunas otras tiendas aceptan productos electrónicos usados—inclusive si no se hayan comprado allí—generalmente por una suma modesta.

Healthy snacks for Kids

Dear EarthTalk: I see a lot of “healthy snacks” being marketed for kids that list “natural flavors” but don’t identify them. Should I use these products?- John Stein, Methuen, MA

"Christine Steendahl of Kid Approved Meals stresses the importance of teaching kids which snacks to eat and which to avoid early in life so that they can sidestep obesity and other health problems altogether. Fruits, nuts and dry cereals, for example, are good alternatives to chips and other junk food."

Image courtesy: "Tree & J. Hensdill, courtesy Flickr."
Beloved food writer Michael Pollan recommends steering clear of foods that advertise their green attributes on their label. According to his line of reasoning, why give a child a fruit roll-up when you can give him or her a piece of fruit? Only processed foods need to advertise what’s natural about them, whereas an apple speaks for itself, providing wholesome nutrition without the need for marketing hype.

But most of us depend on the occasional packaged or processed food, so choosing between the lesser of two evils sometimes has to be the way to go. If a product lists natural ingredients on its label—anything from real fruits, vegetables and nuts to cereals, grains and other healthy foods you can recognize without a food dictionary on hand—it’s probably better than a food reliant on artificial flavors and sweeteners.

“One way for your kids to enjoy healthy snacks is to get them started on naturally sweet foods,” says Christine Steendahl of Kid Approved Meals, which sells menus and shopping lists to parents looking for guidance in meal preparation. “Since most kids crave sweets…naturally sweet foods such as fruits are perfect,” she says. Real bananas, oranges, apples, cherries, strawberries and other fruits are popular with most kids. “You can mix in yogurt or even make a fruit smoothie with some milk and a drop of chocolate or other natural flavors,” Steendahl suggests.

“One thing to recognize about children is that if they try enough types of natural and healthy snacks, they will find one that they enjoy,” says Steendahl. “The problem is that many times parents give up trying to find the snacks that their kids like and settle for popular junk foods instead.” She stresses the importance of teaching kids which snacks to eat and which to avoid early in life so that they can sidestep obesity problems altogether. Nuts and dry cereals, for example, are good alternatives to chips and other junk food.

According to California-based pediatrician and author William Sears, who markets his own line of healthy kids snacks called Lunchbox Essentials, parents should make sure that any snack foods they give their family members provide both fiber and protein, which give the feeling of fullness, and taste good as well. He adds that parents should learn to read labels so they can tell which products contain hydrogenated oils, artificial colors, preservatives and high-fructose corn syrup—all of which should be avoided.

As a last resort for especially finicky kids, parents can find packaged snacks that might look like junk food but are actually healthy and nutritious, including certain brands of fruit roll-ups and granola bars. Look in the snack aisle of your local natural foods market for such items, and don’t be afraid to ask store personnel for recommendations. It’s important to take your child’s nutrition seriously. Whether he or she ever realizes it, you are setting patterns that will enable them to live healthier and longer lives.

CONTACTS: Michael Pollan, http://www.michaelpollan.com/; Kid Approved Meals, http://www.kidapprovedmeals.com/; Dr. Sears’ Lunchbox Essentials, http://www.drsearshealthykids.com/

In Spanish

Querido DiálogoEcológico: Veo que se venden muchos "bocados sanos" para niños que listean "sabores naturales" pero no los identifican. ¿Es buena idea utilizar estos productos? - John Stein, Methuen, MA

"Christine Steendahl de Kid Approved Meals enfatiza la importancia de enseñar a los niños qué meriendas son preferibles y cuáles se deben evitar temprano en la vida de modo que puedan escapar lo más posible la obesidad y otros problemas de salud. Frutas, nueces, y cereales secos, por ejemplo, son buenas alternativas a las papas y otras comidas basura.”

El apreciado escritor sobre alimentos Michael Pollan recomienda evitar alimentos que trompetean sus atributos “verdes” en sus etiquetas. A su manera de ver, a qué dar a un niño un trocito de fruta envasado cuando usted le puede dar un pedazo de fruta real? Sólo los alimentos procesados deben anunciar lo que es natural acerca de ellos, mientras que una manzana habla por sí misma, proporcionando nutrición sana sin necesidad de exageración publicitaria.

Pero la mayor parte de nosotros dependemos del alimento ocasional envasado o procesado, así que escoger entre el mal menor es a veces necesario. Si un producto listea ingredientes naturales en su etiqueta—de frutas verdaderas, verduras, y de nueces a cereales, y otros alimentos sanos que usted puede reconocer sin un diccionario de alimentos en la mano—es probablemente mejor que un alimento que depende de aromatizantes y dulceadores artificiales.

"Una manera de que sus niños disfruten los bocados sanos es acostumbrarlos a alimentos naturalmente dulces," dice Christine Steendahl de Kid Approved Meals, que vende menús y listas de compras a padres que buscan guías para la preparación de comida. "Puesto que la mayoría de los niños aman los dulces…los alimentos naturalmente dulces como las frutas son perfectos," dice ella. Los plátanos, naranjas, manzanas, cerezas, fresas y otras frutas son populares con la mayoría de los niños. "Usted puede agregar yogur o preparar inclusive un “smoothie” (batido de fruta) con algo de leche y una gota de chocolate u otros sabores naturales," Steendahl sugiere.

"Una cosa que se debe reconocer acerca de los niños es que si ellos prueban suficientes tipos de bocados naturales y sanos, encontrarán al fin uno que disfrutan bastante," dice Steendahl. "El problema es que muchas veces los padres dejan de buscar las mejores meriendas para sus niños y sencillamente se conforman con las comidas basura". Ella enfatiza la importancia de enseñar a los niños qué meriendas son buenas para ellos y cuáles se deben evitar temprano en la vida para que puedan escapar completamente los problemas de obesidad. Las nueces y cereales secos, por ejemplo, son alternativas buenas a las papas y otros alimentos basura.

Según el pediatra y autor William Sears, basado en California, que vende su propia línea de bocados sanos para niños llamados Lunchbox Essentials, los padres deben asegurarse de que cualquier tentempié que ellos den a sus miembros de familia proporcionen tanto fibra como proteína, ya que dan la sensación de plenitud, y son también deliciosos. El agrega que los padres deben aprender a leer las etiquetas para que puedan decir qué productos contienen aceites hidrogenados, colorantes artificiales, conservantes y jarabe de maíz de alta fructosa—todos los cuales deben ser evitados.

Como último recurso para niños especialmente difíciles, los padres pueden buscar bocados empaquetados que quizás se parezcan a alimentos basura pero que sean realmente sanos y nutritivos, inclusive ciertas marcas de fruta envasada y barritas de cereal. Mire en el pasillo de bocados de su tienda local de alimentos naturales si vende tales artículos, y no tenga miedo de pedir recomendaciones del personal de la tienda. Es importante tomar la nutrición de su niño seriamente. Aunque los niños jamás lo sepan, usted estará inyectando pautas que les permitirán vivir vidas más sanas y largas.